Entre enero y septiembre de 2026, 84.177 colombianos salieron a estudiar al exterior, mientras que solo 8.553 extranjeros llegaron al país por motivos académicos. Para el trade, esta asimetría revela un mercado de exportación educativa que Colombia no está sabiendo vender.
Cuando se habla de turismo académico, la conversación suele enfocarse en los colombianos que se van a estudiar inglés o un posgrado al exterior. Las cifras de Migración Colombia entre enero y septiembre de 2026 confirman esa tendencia: 84.177 salidas, con Estados Unidos y España concentrando el 40,4%, y un salto llamativo de Panamá, que creció un 49,6%, según reveló hoy Anato.
Sin embargo, el dato que debería hacer ruido en las agencias es el de la otra cara de la moneda; a ver: en el mismo periodo, Colombia recibió a 8.553 extranjeros por estudios, una caída del 7,3% frente a los 9.222 del año anterior.
Puestos en perspectiva, la balanza es demoledora: por cada estudiante extranjero que llega al país, casi 10 colombianos se van a estudiar afuera. Esa asimetría no solo es una fuga de divisas, sino un síntoma de que el país no está logrando posicionarse como un destino atractivo para quienes buscan experiencias académicas internacionales.
Para Paula Cortés Calle, presidente ejecutiva de ANATO, ahí hay una oportunidad que las agencias no deberían dejar pasar:
«Colombia tiene la oportunidad de seguir posicionándose como un destino para quienes buscan complementar su formación académica con experiencias culturales, gastronómicas y turísticas», afirma.
La dirigente gremial hace énfasis en la necesidad de articular a las universidades con el sector turístico para crear productos especializados.
El perfil de estos viajeros (el 79,4% tiene entre 18 y 39 años y el 52,8% son mujeres) revela que necesitan alojamiento, asistencia y planificación, no solo un tiquete.
Las agencias que se especialicen en este nicho podrían capturar un mercado con un ticket promedio más alto que el del turismo masivo.
El reto está en crear paquetes atractivos para extranjeros que quieran venir a Colombia a estudiar español o hacer cursos cortos, de modo que el turismo académico deje de ser un negocio de un solo sentido.




