La prueba del vecino: ¿cuándo un bar de hotel pertenece de verdad a su ciudad?

El secreto de la nueva generación de bares de hotel para atraer a los habitantes locales y enamorar a los turistas

Un buen bar de hotel no debería servir solo a quienes duermen en él. La nueva generación de bares hoteleros se mide con una pregunta simple: ¿vendría un vecino aunque no tenga reserva?

Hay una pregunta que flota de forma loca en la industria hotelera: ¿cuándo está realmente vivo el bar de un hotel? No se trata de si enciende las luces cada noche ni de si la carta tiene suficientes creaciones de autor, no. Más bien es un test simple y un hasta cruel: ¿alguien que vive en la misma ciudad iría a tomar algo aquí, aunque esta noche no necesite una habitación?

Se llama la prueba del vecino, y suena sencillo, pero la mayoría de los bares de hotel no la pasan. Son impecables, cómodos, correctos. Y precisamente por eso no tienen casi nada que ver con la calle que hay afuera, es más, casi nunca se parece a la ciudad donde está el hotel… Viajas miles de kilómetros para conocer un lugar y terminas la noche en un espacio que podría estar en cualquier parte, mejordicho, un bar «neutro».

Pero ojo, que algo está cambiando: De Madrid a Londres, del Caribe a Rapa Nui, una nueva generación de bares de hotel convierte la prueba del vecino en su pregunta central: primero atraer a la gente correcta de la ciudad, después dejar que los huéspedes se beneficien de ello.

El Metrópolis Hotel & Club, en Alcalá 39, es el caso extremo; allí Grupo Paraguas lo reconvirtió en un hotel de apenas 19 habitaciones, pero la decisión más interesante no fue hacer las habitaciones más pequeñas, sino hacer que el bar no pareciera un bar de hotel. 

Spa de Langostas ya declara una postura: no es un lobby bar para sentarse 10 minuticos en bata. Hay un detalle que lo explica todo: durante más de un siglo, los madrileños pasaron frente al Metrópolis y siguieron de largo… ahora pueden entrar.

En Londres, Pondicherry juega otro partido: Si la prueba del vecino consiste en que el vecino venga, Pondicherry resuelve la pregunta: pues ¡que se quede! Está dentro del Grand Hotel Bellevue, con interiores de Fabrizio Casiraghi construidos a partir de un personaje imaginario: un aristócrata británico que volvió de sus viajes con una casa llena de objetos y recuerdos. Pondicherry no compite con los bares centenarios londinenses. Elige la intimidad, una ligera excentricidad y una calidez deliberada. 

La versión avanzada de la prueba del vecino sería esta: el vecino llega, pide la primera copa y pide la segunda, y así…

Donde la prueba se vuelve realmente interesante es en los lugares que redefinen qué significa «vecino». La Coralina Island House, en Bocas del Toro, tiene como vecino al Caribe. El bar no habla a través del interiorismo, sino de lo que decide dejar entrar: vegetación, humedad, sonido del mar, cadencia de isla. 

Mientras tanto, Turtle Inn, en Belice, tiene algo que ningún estudio de interiorismo puede fabricar desde cero: una historia. El Skip White Bar lleva el nombre del antiguo propietario, biólogo marino, y todavía conserva sobre la barra los microscopios que usaba con sus estudiantes.

Y en Rapa Nui, Nayara Hangaroa se enfrenta al vecino más imbatible: el horizonte. En Kaloa Lounge, el atardecer sobre el Pacífico es un ingrediente que ningún bartender puede igualar.

Volvamos al test; si estás de viaje y quieres tomar algo de noche, ¿irías a un hotel? Cada vez más, la respuesta puede ser sí. Siempre que ese bar haya entendido algo básico: pertenece a esa calle, a esa isla, a ese paisaje, no solo a la lista de huéspedes. La versión final de la prueba del vecino quizá no sea «¿vendría el vecino?», sino esta: ¿te olvidarías, aunque sea un momento, de que eres un turista?

¡Salud y buenos tragos!

Esta semana

spot_img

Post relacionados