El Four Points Bogotá convirtió su brunch dominical en la cita obligada de los fanáticos de la Fórmula 1 (y ya van 7.000 asistentes)

Cada domingo de carrera, el restaurante Seis Lados del Four Points by Sheraton Bogotá se llena de fanáticos de la Fórmula 1.

Un domingo de temporada, sobre las once de la mañana, la gente empieza a llegar al restaurante Seis Lados del Four Points by Sheraton, cerca del Parque de la 93, en Bogotá. No vienen a hacer check-in ni a desayunar de buffet. Vienen al Brunch F1, un evento que nació hace unos años como una reunión de amigos que no encontraban dónde ver las carreras y que hoy se convirtió en una cita fija para la comunidad de fanáticos de la ciudad.

La operación la organizan el hotel junto a Montoya Motorsports y @autos_93, y la entrada cuesta $160.000 pesos. Incluye comida ilimitada, cuatro simuladores con posición original de Fórmula 1, merchandising oficial y la transmisión de las carreras en pantallas gigantes repartidas en tres ambientes. En total se han realizado 32 eventos y por el restaurante han pasado más de 7.000 personas desde que arrancó el concepto.

Pero lo que hace que la gente vuelva no es el menú ni las pantallas. Es una serie de detalles que el hotel fue ajustando con el tiempo, según cuenta Ángela García, gerente general del Four Points by Sheraton Bogotá, en entrevista exclusiva para TravelFutura: “Al principio pensábamos que venían solo a ver la carrera, pero nos dimos cuenta de que querían un espacio donde pudieran traer a la familia, a los niños, incluso a las mascotas. Ahí empezamos a armar todo lo que hoy tiene el brunch”, explica.

Así apareció la pista para los más chiquitos, con simuladores a su escala y actividades mientras los papás ven la carrera. También las zonas pet friendly, porque hay fanáticos que no se pierden una fecha y quieren llevar a su perro. Y los menús temáticos según el país de cada Gran Premio: comida japonesa cuando la carrera es en Suzuka, parrillada cuando es en Brasil, desayuno americano cuando es en Austin. La carrera de F2 de Sebastián Montoya se transmite siempre, porque es el colombiano que la gente quiere ver.

“Lo que más nos piden es que sea domingo, que sea temprano y que sea en familia. Muchos vienen desde otros barrios de Bogotá o incluso de municipios cercanos. Se quedan toda la mañana, comen, juegan, ven la carrera y se van contentos. Es una experiencia que ya hace parte de su agenda”, agrega García.

El modelo no depende de que alguien reserve una habitación. La gente llega al restaurante, consume durante horas y se va. Es un ingreso que funciona con independencia de la ocupación hotelera, y que además construyó una comunidad alrededor de la marca. El concepto ya se replicó en Medellín, y el hotel tiene planes de llevarlo a Barranquilla y Cali.

Para el sector, el caso deja una pregunta concreta: si un restaurante de hotel puede convertirse en el punto de encuentro de una comunidad que no se hospeda allí, ¿cuántas otras pasiones locales están esperando un espacio como este?

La respuesta no está en los planes de marketing, sino en lo que la gente ya está buscando y no encuentra.

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