El turismo cubano se queda sin hoteles y sin turistas

Que Meliá cierre sus 34 hoteles en Cuba es una noticia importante, pero cuando se pone al lado de otros números la historia cambia bastante: 73% de los hoteles del país están cerrados y los visitantes internacionales cayeron 58% en el primer semestre. El problema, entonces, ya no parece ser la salida de una cadena, sino qué queda del negocio turístico cubano cuando desaparecen simultáneamente los turistas, los vuelos y buena parte de la capacidad hotelera.

Hay una cifra que obliga a mirar la crisis turística de Cuba de otra manera: 73% de los hoteles del país están cerrados, según dijo el primer ministro Manuel Marrero al Parlamento cubano, de acuerdo con Reuters. Cuando ese dato se pone junto con la caída de 58% en las llegadas internacionales entre enero y junio, reportada por Reuters con base en cifras oficiales, la salida de Meliá deja de parecer una decisión empresarial aislada.

La compañía española cerró en julio sus 34 hoteles en Cuba, después de 36 años de presencia en la isla, alegando dificultades operativas, legales y financieras, según Reuters. El movimiento se suma a las salidas de Iberostar y Barceló, mientras Marrero señaló que siete cadenas internacionales que gestionaban 46% de las habitaciones del país ya abandonaron Cuba, según datos recogidos también por Reuters y AFP.

El problema empieza mucho antes de llegar al hotel, porque la crisis de combustible ha reducido la conectividad y complicado el funcionamiento cotidiano de la economía cubana. Reuters reportó que Air France, Turkish Airlines, Iberia y World2Fly suspendieron vuelos hacia la isla, mientras Visa y Mastercard también frenaron algunas operaciones; en paralelo, el Gobierno cubano estima que 25.000 trabajadores turísticos están ahora en situación vulnerable.

Para Meliá, además, la salida ya tiene impacto en sus números: Reuters informó que la cadena registró una pérdida neta de €7,5 millones en el primer semestre de 2026, vinculada principalmente al final de sus operaciones cubanas. La dimensión del golpe se entiende mejor al recordar que el turismo era, antes de esta crisis, la segunda fuente de ingresos en divisas de Cuba y empleaba a más de 300.000 personas, según datos oficiales citados por Reuters y SCMP.

Y aquí aparece una consecuencia que interesa bastante más allá de Cuba: los turistas que dejan de llegar no desaparecen del mapa. Parte de esa demanda, de esos vuelos y del gasto turístico puede terminar desplazándose hacia otros destinos del Caribe, precisamente cuando los mercados de la región compiten por capacidad aérea, habitaciones y dólares internacionales.

Cuba construyó durante décadas una infraestructura turística para recibir grandes volúmenes de visitantes; ahora tiene buena parte de esa capacidad cerrada, menos vuelos y varias de sus principales cadenas internacionales fuera del mercado. La pregunta para el Caribe ya no es solamente cuándo regresarán los turistas a Cuba, sino qué destinos terminarán quedándose con el negocio que la isla está dejando de capturar.

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