Aunque la noticia habla de 24 millones de visitantes no residentes, esa cifra termina siendo casi una consecuencia de un cambio mucho más profundo. Lo que empieza a aparecer detrás de los balances del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo es que Colombia ya no depende únicamente de vender productos al exterior para generar divisas; también está encontrando en los servicios turísticos una fuente de ingresos que hace apenas unos años parecía difícil de imaginar.
El dato que mejor resume esa transformación no está en los aeropuertos ni en la ocupación hotelera. Según el Banco de la República, el turismo aportó cerca de US$34.430 millones en divisas al cierre de 2025, un nivel que ya supera actividades históricas como las exportaciones de café y carbón. Cuando además se observa que 5,7 de cada 10 dólares que ingresan al país por exportación de servicios provienen del turismo, empieza a entenderse que el sector dejó de ser una industria complementaria para convertirse en una pieza importante de la economía nacional.
«Durante décadas, buena parte de la capacidad del país para generar divisas estuvo asociada a la exportación de materias primas. Hoy Colombia demuestra que también puede generar riqueza a partir de su biodiversidad, de su patrimonio cultural, de la calidad de sus servicios, del talento de su gente y de la confianza que millones de personas depositan al elegir nuestro país como destino», afirmó la ministra de Comercio, Industria y Turismo, Diana Marcela Morales.
El verdadero cambio ocurre cuando el dinero se queda en las regiones
Mientras las exportaciones tradicionales suelen concentrar buena parte de su cadena de valor en pocos sectores económicos, el turismo distribuye esos ingresos entre hoteles, restaurantes, operadores, guías, transportadores, artesanos y pequeños comercios. Esa diferencia explica por qué el crecimiento de visitantes tiene un efecto económico distinto al de otras actividades productivas.
Durante el actual periodo de Gobierno llegaron al país más de 24 millones de visitantes no residentes, un crecimiento del 109 % frente al cuatrienio anterior. De ellos, 14,8 millones fueron viajeros extranjeros, una dinámica que alimenta directamente el ingreso de divisas y fortalece cientos de economías locales que dependen del gasto de esos visitantes.
«El turismo expresa, quizá como pocos sectores, esa transición hacia una economía más diversificada y con mayor valor agregado», explicó la ministra.
La conectividad empieza a explicar parte del fenómeno
Si uno revisa el comportamiento del transporte aéreo, encuentra otra pieza del rompecabezas. Durante el primer trimestre del año se comercializaron más de 368.000 tiquetes internacionales con destino a Colombia, un aumento del 16,7 %, impulsado principalmente por Estados Unidos, Brasil y México. Al mismo tiempo, los aeropuertos movilizaron cerca de 10 millones de pasajeros durante el primer bimestre, mientras entre enero y marzo ingresaron 1,58 millones de visitantes no residentes.
Esas cifras muestran que el crecimiento ya no depende únicamente de campañas de promoción. También responde a una mayor conectividad internacional, una oferta aérea más amplia y una demanda que empieza a consolidarse en mercados emisores estratégicos.
El siguiente reto ya no consiste en atraer turistas
Mientras el número de viajeros continúa creciendo, el desafío empieza a trasladarse hacia la capacidad del país para distribuir mejor esos beneficios. En esa dirección, el Gobierno reportó inversiones en infraestructura turística que alcanzan 699 municipios, equivalentes al 63 % del territorio nacional, además de llevar recursos por primera vez a 207 poblaciones que nunca habían recibido inversión turística.
La estrategia también incorpora una dimensión social. La cobertura de los 140 municipios PDET mediante programas de Turismo para una Cultura de Paz y la participación de más de 999 empresarios en el sello Colombia Destinos de Paz muestran que el turismo comienza a utilizarse como una herramienta para fortalecer economías locales en territorios donde otras actividades productivas siguen siendo limitadas.
«A diferencia de otras actividades económicas, cuyos beneficios suelen concentrarse en determinados centros de producción, el turismo genera valor precisamente allí donde se encuentra el patrimonio natural, cultural e histórico del país. Es un puente que conecta culturas, lleva oportunidades a municipios intermedios, fortalece economías rurales, dinamiza pequeños negocios y crea incentivos para conservar aquello que hace único a cada territorio», concluyó Diana Marcela Morales.




